Borrachera de goles y palos
- Chas McCholas

- 4 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Es un gusto y un privilegio volver a cubrir otro partido de esta banda, en el que algunos se empeñan en llamar equipo de fútbol. Llevaba toda la semana esperando este momento… pero no sé yo si mi corazón está preparado para soportar otro géiser de emociones. De entrada, me generó una hilaridad absurda ver a Letamina bajo el arco, plantado con sus guantes de tercera mano y, perdonadme, pero no pude evitar pensarlo: ¿qué haces ahí, muchacho? Ni es tu lugar, ni quieres estarlo. Como quien abre una puerta buscando el baño y se encuentra una reunión de directivos, y aun así se queda por pura vergüenza, sabiendo que no pinta nada. Bromas a parte, su posterior rendimiento nos cogió a todos por sorpresa.
El inicio fue serio: dos equipos bien plantados, sin tomar riesgos, ocupando el campo con ese orden que dura lo mismo que mi abstinencia con el alcohol. Con el tridente de Cardiochón en medio, con Tibias y T-Dex cerrando, blindaron a los chudos con una defensa férrea. Y cuando parecía que los Trocaderos podían abrir la lata… Garchas Mirardi decide que es su hora y nos deleita con cuatro goles relámpago en cinco minutos. Estaba espléndido. Por fin había encontrado su posición.
Pero claro… es Garchas. Así que en ese mismo instante decide que su verdadero lugar está en la portería, sin razonamiento alguno. A este chico le iría bien bombear oxígeno al cerebro de vez en cuando. Se marcha del campo para equiparse de portero mientras el propio Letudo insiste que quiere seguir de arquero. Tibias reitera sus súplicas. Y entonces estalla una discusión calurosa entre Tibias y Letamina con el bueno de Chon, un episodio triste de incontinencia verbal a 2 grados bajo cero. En segundos habían pasado de un equipo serio a un serio despropósito.
Nada, Garchas consigue echar a Letamina de la portería. No desvelaré quién no encontró su sitio en el campo ni quién tampoco lo encontró en la portería.
Aun así, el equipo seguía rodado y aprovechó que el portero rival parecía padecer una parálisis visceral. Cuentan las malas lenguas que lo atropelló un autobús de dos pisos la semana pasada. El caso es que la primera parte se convirtió en una sangría absurda de goles a favor de los chudos: 10-2. El partido estaba para envolver y regalar… o quizás no lo supieron envolver bien y casi lo regalan.
Los rivales detectaron que su punto fuerte no estaba en la portería y con un solo cambio de portero, volvieron a renacer. Con intensidad, garra y palos por doquier avasallaron al pobre Tibias —dueño y patrón de la portería— mientras la defensa garchuda hacía aguas. T-Dex, en un ataque de “aquí yo pito las faltas”, dejó la pelota cuando la estaba protegiendo cerca del córner porque supuestamente le pisaron, y los rivales se la robaron y anotaron otro tanto.
Una colección de despropósitos poco profesionales, una concentración inexistente y la misma contención que el colon de mi difunta abuela con laxante provocó que los Trocaderos pusieran el marcador en 12-9. A solo tres goles. El desastre llegaba sin frenos.
Arriba, LeCuenc estaba desesperado. Garchoides lo necesitaba, pero cada vez llegaban menos balones. Solo necesitaba uno para hacer daño. Ya había aportado tres asistencias. En ese momento, Felcha le pone un pase perfecto: LeCuenc queda solo ante el portero, lo gambetea con sorprendente facilidad… y estrella el balón al palo a portería vacía. La desesperación era total. A mí me entraron ganas de devolver hasta mi primera papilla.
Parecía que la victoria se iba a escapar. Los chudos estaban contra las cuerdas. Pero un Primocuenc con sangre fría da aire con un gol que desmoraliza al rival justo cuando más cerca estaban. Y T-Dex, desde banda, enfrentándose a sus viejos fantasmas de Hungría*, nos regala un wonder goal de extremo a pierna natural que nos devolvió la respiración y el recuerdo de lo que algún día fue.
Vaya segunda parte… Qué mal rato, y qué rápido se me ha pasado para lo que ha sido. Espero que no se vuelva a repetir esta borrachera de goles, algo que debería poner en alerta al míster si de verdad quiere un equipo sólido y constante durante toda la liga. Me recuerda a cuando mi hepatólogo me puso en alerta tras mi última borrachera. Pues lo mismo, pero con más gritos y menos informes médicos.
Con esta victoria pírrica, el combinado garchudo se acerca al primer puesto tras el empate de los líderes de la clasificación. Se vienen unas semanas pre-Navidad tremendamente emocionantes, de las que te ponen la piel de gallina y el pulso cual fumador hipertenso.
Desde aquí, Chas McCholas, que ya ha visto suficientes disparates por hoy, despide otra noche más con un sorbo de té templado, una sonrisa torcida y la sospecha de que este equipo me va a enterrar antes que el propio paso del tiempo.
*Véase la crónica T-Dex: El central que sobrevivió a sí mismo








Me infarte 4 veces viendo el partido, que montaña rusa de emociones